Capítulo 3 – ¿Cómo influye mi salud en el embarazo?

Estar embarazada, o prepararse para estarlo, no es solo una cuestión de ginecología u obstetricia. También importa con qué cuerpo y con qué salud llegas a este momento. Tu historial médico —desde tu peso y tu estado emocional, hasta enfermedades crónicas o condiciones pasadas— puede influir en cómo transcurre el embarazo y qué cuidados específicos podrías necesitar.
Este capítulo no busca asustarte, ni hacerte sentir que tienes que ser perfecta para ser mamá. Todo lo contrario: quiere ayudarte a entender tu punto de partida, para que puedas cuidarte mejor y tomar decisiones informadas. Aquí encontrarás información clara y sin juicios sobre distintos aspectos de salud que pueden cruzarse con la maternidad. Lee lo que te resuene, guarda lo que te sirva y recuerda: cada embarazo es único, y cada historia de salud también.
Obesidad y sobrepeso antes y durante el embarazo
Tener sobrepeso u obesidad al quedar embarazada no impide necesariamente tener un embarazo saludable. De hecho, la mayoría de las mujeres con sobrepeso u obesidad logran embarazos seguros y bebés sanos. ¡Así que no entres en pánico! Aun así, los kilos de más aumentan algunos riesgos y dificultan ciertos aspectos del embarazo, por lo que conviene estar informada y cuidarse especialmente.
Posibles complicaciones asociadas al exceso de peso: Las mujeres embarazadas con obesidad tienen mayor probabilidad de enfrentar ciertos problemas, tales como:
- Diabetes gestacional (azúcar alta en la sangre durante el embarazo).
- Hipertensión arterial o preeclampsia (presión alta que puede afectar a mamá y bebé).
- Bebés más grandes de lo normal (macrosomía), lo que puede dificultar el parto y prolongarlo.
- Parto por cesárea: En algunos casos, si el bebé es muy grande u ocurren complicaciones, aumenta la posibilidad de necesitar una cesárea. La obesidad puede hacer que la cirugía y la recuperación sean más complejas.
- Aborto espontáneo, parto prematuro o muerte fetal: Aunque son situaciones infrecuentes, estadísticamente el riesgo de aborto temprano, de parto antes de término o de pérdida del bebé cerca del final del embarazo es un poco mayor en mujeres con obesidad.
- Dificultades prácticas en el control prenatal: Las capas de grasa extra pueden hacer más difícil para el médico palpar y medir el tamaño y la posición del bebé durante los controles. Incluso las ecografías pueden ser menos claras si la madre tiene mucho tejido adiposo abdominal. Además, es posible que notes más tarde los movimientos del bebé (como las primeras pataditas), ya que la pared abdominal es más gruesa.
Consejos si tienes sobrepeso u obesidad en el embarazo
Lo importante es centrarse en hábitos saludables más que en el peso exacto. No se recomienda hacer dietas estrictas para bajar de peso durante el embarazo, pero sí controlar la ganancia de peso y asegurar una buena nutrición:
- Sigue al pie de la letra las recomendaciones médicas sobre alimentación. Tu médico o nutricionista te indicará cuántos kilos es conveniente que ganes durante el embarazo según tu caso particular, y qué tipo de dieta equilibrada seguir.
- Alimentación de calidad: Más que contar calorías, concéntrate en la calidad nutricional de lo que comes. Prioriza alimentos ricos en vitaminas, minerales, proteínas magras y fibra. Cada bocado debe aportarte nutrientes valiosos tanto a ti como al bebé. Evita “calorías vacías” (comidas con mucho azúcar o grasa pero pocos nutrientes).
- Vitaminas prenatales: Tómalas de forma constante si tu médico las ha prescrito. Con sobrepeso u obesidad es especialmente importante asegurarse de recibir todos los micronutrientes necesarios, ya que a veces la dieta no es óptima. El ácido fólico, el hierro y otras vitaminas son cruciales para prevenir problemas en el desarrollo del bebé.
- Ejercicio regular moderado: Dentro de lo que tu médico te autorice, la actividad física ligera o moderada (por ejemplo, caminar, natación para embarazadas, yoga prenatal) te ayudará a controlar el aumento de peso, mejorar tu estado de ánimo y prepararte para el parto. Siempre consulta qué tipo de ejercicio es seguro en tu situación específica.
- Controles más atentos: Dado el mayor riesgo de ciertas complicaciones, es posible que tu obstetra programe controles más frecuentes o pruebas extra (como un tamiz de diabetes gestacional temprano, monitoreo de la presión arterial en cada visita, etc.). Esto es bueno, porque permite detectar cualquier problema a tiempo y manejarlo adecuadamente.
Con estos cuidados, es muy probable que todo vaya bien. Muchas mamás con unos kilos de más han tenido embarazos saludables. Lo esencial es cuidarte y seguir las indicaciones médicas para minimizar los riesgos.
Peso por debajo de lo adecuado (bajo peso)
Estar demasiado delgada al inicio del embarazo también puede influir en la gestación. Si tu índice de masa corporal (IMC) era menor o igual a 18.5 (es decir, por debajo del rango de peso saludable) al quedarte embarazada, debes prestar atención a ciertos aspectos para asegurar el bienestar de tu bebé.
Riesgos potenciales con bajo peso: Las mujeres embarazadas con peso insuficiente pueden enfrentar:
- Parto prematuro: El riesgo de un nacimiento antes de las 37 semanas puede ser algo mayor si la madre estaba muy baja de peso, especialmente si hay desnutrición severa.
- Bebé de bajo peso al nacer: Es más probable que el bebé nazca con un peso por debajo de lo ideal, lo cual puede requerir cuidados especiales al nacer. Esto se debe a que, si la mamá aporta menos nutrientes de los necesarios, el crecimiento fetal puede verse afectado.
- Deficiencias nutricionales: La madre con bajo peso podría tener reservas limitadas de algunos nutrientes esenciales, lo que aumenta la importancia de llevar una dieta muy completa durante la gestación.
Cómo manejar un embarazo con bajo peso: La buena noticia es que, a diferencia de la obesidad, en este caso ganar peso adicional es beneficioso. Tu médico te orientará, pero por lo general se recomienda que una embarazada con bajo peso suba un poco más de peso de lo habitual:
- Aumento de peso adecuado: Mientras que una mujer con IMC normal suele subir entre 11 y 16 kilos en todo el embarazo, si empezaste bajo peso puede que te recomienden ganar alrededor de 18 kilos (o el rango superior de kilos que indique tu médico). Este mayor aumento ayuda a que el bebé reciba suficientes nutrientes y crezca adecuadamente. No tengas miedo a esos kilitos de más: son por una buena causa.
- Alimentación rica en nutrientes: Igual que en el caso anterior, enfócate en la nutrición de calidad. Cada comida es una oportunidad para nutrir a tu bebé. Incluye proteínas (carnes magras, pescado, huevos, legumbres), carbohidratos complejos (cereales integrales, patatas), grasas saludables (aguacate, aceite de oliva, frutos secos) y por supuesto muchas frutas y verduras. Si te cuesta comer grandes porciones, divide tu ingesta diaria en pequeñas comidas frecuentes a lo largo del día. Esto ayuda a consumir más calorías y nutrientes sin llenarte demasiado de golpe.
- Suplementos y vitaminas: Asegúrate de tomar tus vitaminas prenatales. En casos de bajo peso o deficiencias, el médico podría añadir suplementos extra (por ejemplo, hierro si tienes anemia, calcio, etc.).
- Seguimiento médico: El obstetra llevará un control cercano de tu ganancia de peso y crecimiento del bebé. Pueden hacer ecografías de control de crecimiento fetal para verificar que el bebé se está desarrollando bien. Mientras tú estés comiendo adecuadamente y subiendo peso, lo más seguro es que el bebé esté obteniendo lo que necesita.
Recuerda que el embarazo no es el momento de hacer dietas para adelgazar, pero sí de mejorar tus hábitos alimenticios. Si iniciaste bajo peso, no te culpes ni te asustes: con una buena nutrición puedes ponerse al día y ofrecerle a tu bebé todo lo necesario para que crezca fuerte.
Embarazo tras cirugías de pérdida de peso (bariátrica)
Si te has sometido a una cirugía bariátrica (como banda gástrica, bypass gástrico o manga gástrica) para perder peso antes de quedar embarazada, probablemente te aconsejaron esperar entre 12 y 18 meses tras la operación antes de buscar un bebé. Esto se debe a que el primer año post-cirugía suele haber una pérdida de peso muy rápida e incluso riesgo de desnutrición hasta que el cuerpo se adapta. Si ya has superado ese periodo crítico y ahora estás embarazada, ¡enhorabuena por partida doble! Has logrado mejorar tu salud perdiendo peso y vas a ser mamá.
Haber bajado esos kilos de más antes del embarazo es algo positivo para ti y tu bebé. Gracias a tu cirugía y el cambio de estilo de vida, has reducido varios riesgos que antes tenías más elevados, por ejemplo: ahora tienes menos probabilidad de diabetes gestacional, menos riesgo de hipertensión/pre-eclampsia, y es menos probable que tu bebé crezca excesivamente grande. Todo eso favorece un embarazo más sano. ¡No está nada mal, ¿verdad?!
Cuidados especiales si tuviste una cirugía bariátrica
Aun así, un embarazo después de cirugía bariátrica requiere ciertos cuidados especiales. A continuación, te damos algunas recomendaciones importantes si este es tu caso:
- Equipo médico multidisciplinario: Incluye a tu cirujano bariátrico en el equipo que lleva tu embarazo. Este especialista puede asesorar a tu obstetra o matrona sobre aspectos específicos de tu anatomía y salud tras la cirugía. Por ejemplo, podrían necesitar monitorear más de cerca tu nutrición o estar atentos a síntomas particulares.
- Atención a la nutrición y suplementos: Tras una cirugía de pérdida de peso, tu cuerpo absorbe nutrientes de forma diferente. No dejes de tomar tus vitaminas prenatales y suplementos adicionales. Es probable que, además del multivitamínico prenatal estándar, necesites dosis extra de hierro, calcio, ácido fólico, vitamina B12 y vitamina A, ya que a veces la absorción de estos nutrientes se ve reducida después de la cirugía. Tu obstetra, en coordinación con tu cirujano o nutricionista, ajustará esta suplementación para prevenir carencias.
- Control del aumento de peso: Súbete regularmente a la báscula según las indicaciones médicas. Después de una cirugía bariátrica, puede pasar que algunas mujeres no aumenten de peso al ritmo típico o incluso tengan bebés más pequeños de lo promedio. Pero también es posible, al contrario, ganar peso de más si la dieta no se cuida. Tu meta es un aumento de peso adecuado: ni muy poco (porque podría indicar que el bebé no crece bien) ni demasiado. El médico te ayudará a establecer ese rango saludable de aumento. Si logras mantener tu ganancia de peso dentro de lo recomendado, contribuyes a que tu bebé nazca con un peso normal.
- Dieta: calidad sobre cantidad. Sabemos que “comer por dos” puede ser todo un desafío cuando tu estómago es más pequeño tras la cirugía. Y más adelante en el embarazo, el útero en crecimiento ocupará espacio y puede reducir aún más tu capacidad para comer grandes porciones. La clave estará en comer pequeñas porciones muy nutritivas. Cada bocado cuenta, así que evita alimentos con “calorías vacías” (golosinas, refrescos, comida chatarra) que llenan pero no nutren. En su lugar, elige alimentos concentrados en nutrientes: proteínas magras, batidos nutritivos indicados por el nutricionista, purés de verduras, frutos secos, etc. Así obtienes el máximo de vitaminas y minerales en el mínimo volumen de comida.
- No saltarse comidas: Incluso si sientes menos hambre o te sacias rápido, trata de hacer varias comidas al día. No dejes de comer, aunque sea en porciones pequeñas pero frecuentes. Saltarse comidas podría privar al bebé de nutrientes necesarios. Ajusta tus horarios y cantidades para ingerir suficientes calorías a lo largo del día sin incomodidad.
- Vigila los síntomas inusuales: Algunos malestares como náuseas y vómitos pueden ser parte normal del embarazo, pero en tu caso conviene ser extra precavida. Si presentas vómitos muy intensos, dolores abdominales inusuales o persistentes, o cualquier síntoma preocupante, contacta de inmediato tanto a tu obstetra como a tu cirujano bariátrico. Algunos síntomas podrían deberse al embarazo en sí, pero otros podrían indicar complicaciones relacionadas con la cirugía (por ejemplo, una obstrucción, hernia interna u otro problema digestivo). Es mejor descartar cualquier problema serio lo antes posible.
Con estas precauciones, la mayoría de las mujeres operadas de bariátrica llevan embarazos exitosos. Date crédito por el enorme logro de haber mejorado tu salud y sigue cuidándote para darle a tu bebé el mejor comienzo posible.
Enfermedades crónicas y embarazo (diabetes, hipertensión, tiroides, etc.)
Vivir con una enfermedad crónica como diabetes, hipertensión arterial, hipotiroidismo u otras condiciones de largo plazo implica retos diarios: medicación, chequeos frecuentes y síntomas que manejar. Al quedarte embarazada, es normal preocuparse sobre cómo afectará tu condición al bebé y cómo el embarazo impactará en tu propia salud. La buena noticia es que muchísimas mujeres con enfermedades crónicas tienen bebés sanos, pero requerirás un control más estrecho y quizás ajustes en tu tratamiento para asegurar el mejor resultado.
Coordinación médica: Lo primero y más importante es que tu embarazo sea llevado en conjunto por tu obstetra y el especialista que trata tu condición (por ejemplo, tu endocrinólogo, cardiólogo o médico internista, según corresponda). Ellos trabajarán en equipo para ajustar medicamentos, monitorear tu salud y asegurarse de que tanto tú como el bebé estén bien. ¡No estás sola, tienes un equipo a tu lado!
Veamos algunos ejemplos y consejos según distintas enfermedades crónicas:
Diabetes (tipo 1 o 2)
Si eres diabética, probablemente ya sabes que el control de la glucosa es vital. Durante el embarazo, mantener tus niveles de azúcar en rango estrecho cobra aún más importancia, ya que el azúcar alta puede hacer que el bebé crezca demasiado grande y aumenta riesgos de complicaciones. Es posible que tu requerimiento de insulina o medicamentos cambie a medida que avanza la gestación (las hormonas del embarazo a veces elevan la glucemia).
Tu médico te indicará controles de glucosa más frecuentes, una dieta específica y, si procede, ajustes en la medicación. Muchas madres diabéticas tienen bebés saludables; la clave está en el buen control prenatal. También te realizarán pruebas especiales, como ecografías para vigilar el crecimiento fetal, y posiblemente inducir el parto antes de la semana 40 si el bebé parece muy grande o surge alguna complicación.
Hipertensión arterial crónica
Si antes de quedar embarazada ya tenías presión alta o tomabas medicación antihipertensiva, debes saber que algunos fármacos para la presión no son recomendables en el embarazo. Consulta pronto con tu médico para cambiar a un medicamento seguro si es necesario (no lo hagas por tu cuenta).
Durante la gestación, tendrás controles más frecuentes de tu presión arterial. La hipertensión mal controlada puede derivar en preeclampsia u otros problemas, así que el objetivo será mantener tu presión en rangos seguros. Seguir una dieta baja en sal, descansar suficiente y acudir a todos los chequeos ayuda bastante. Si tu condición está bien manejada, es muy posible que curses el embarazo sin contratiempos mayores.
Enfermedad de la tiroides
Tanto el hipotiroidismo (tiroides lenta) como el hipertiroidismo (tiroides hiperactiva) requieren un monitoreo cercano en el embarazo. La hormona tiroidea de la madre es crucial para el desarrollo neurológico del bebé, especialmente en el primer trimestre.
Si tienes hipotiroidismo y tomas levotiroxina, probablemente necesites aumentar la dosis durante el embarazo (¡no te asustes, es común!), ya que las necesidades de hormona tiroidea aumentan. Tu endocrinólogo comprobará tus niveles de TSH regularmente y ajustará la medicación para que tus hormonas estén en el rango adecuado.
Si por el contrario tienes hipertiroidismo (como Enfermedad de Graves u otra causa) y estás con medicación antitiroidea, también requerirás ajustes para evitar tanto un exceso como una caída brusca de hormonas. En ambos casos, con control riguroso, las mujeres con trastornos tiroideos suelen llevar embarazos normales. Solo recuerda tomar tu medicación tal como te indican y no saltarte los análisis de sangre de control.
Síndrome del Intestino Irritable (SII) y otros trastornos digestivos
Si padeces colon irritable u otro trastorno gastrointestinal crónico, es posible que notes algunos cambios en tus síntomas durante el embarazo. Por ejemplo, muchas embarazadas (incluso sin SII) sufren de más estreñimiento e hinchazón por efecto de las hormonas. En las mujeres con SII con predominio de estreñimiento, esto puede intensificarse.
La distensión abdominal y malestares digestivos podrían aumentar a medida que el útero crece (ya que el intestino está más comprimido). ¿La buena noticia? Muchas de las estrategias que ya usabas para manejar tu SII siguen siendo válidas: continúa con tus medidas dietéticas (por ejemplo, si sigues una dieta baja en FODMAP, consúltalo con un nutricionista para adaptarla sin perder nutrientes), mantente bien hidratada, come porciones pequeñas con más frecuencia, evita en lo posible el estrés y los alimentos que desencadenan tus síntomas.
Además, consulta con tu médico antes de tomar cualquier medicación para el SII durante el embarazo. Algunos antiespasmódicos o laxantes se pueden usar, otros quizá no; tu médico te dirá lo que es seguro. Considera también hablar sobre el uso de probióticos, que a algunas personas les ayudan a regular la función intestinal de forma natural.
En resumen, aunque el embarazo puede a veces acentuar los altibajos digestivos, con los cuidados habituales y la orientación de tus médicos, es manejable.
Otras condiciones crónicas
Existen muchas otras enfermedades crónicas que pueden acompañarte en el embarazo: asma, lupus u otras enfermedades autoinmunes, epilepsia, anemia falciforme, etc. Cada una tiene sus particularidades, pero en general la clave es planificar y vigilar.
Si es posible, es ideal buscar el embarazo cuando la enfermedad esté estable o controlada. Una vez embarazada, no suspendas nunca tu medicación crónica sin indicación médica; más bien, revisa con tus doctores si necesitas cambiar dosis o fármacos por unos más seguros.
Por ejemplo, en el asma es importante seguir usando inhaladores (un asma mal controlada daña más al bebé que el medicamento en sí), en la epilepsia quizá te ajusten a un anticonvulsivo de menor riesgo para el feto, etc.
Asimismo, es posible que te hagan controles adicionales: ecografías especiales, análisis para revisar que tu condición no afecte órganos importantes durante la gestación, etc. Si en algún momento tu enfermedad se descontrola (por ejemplo, brote de lupus, crisis asmática, crisis falciforme), acudirás a un centro especializado para recibir tratamiento inmediato, siempre pensando en tu bienestar y el del bebé.
En resumen, tener una condición crónica no te impide ser mamá, pero requiere convertirse en una “experta” en tu propia salud: seguir tus tratamientos, ir a más controles y cuidarte el doble. Mantén una comunicación abierta con todos tus profesionales de salud y, ante cualquier síntoma fuera de lo común, repórtalo. Tu cuerpo está haciendo un esfuerzo extra, pero con apoyo médico y autocuidado, podrás llevar adelante tu embarazo de forma segura.
Trastornos de la alimentación en el embarazo
Si has sufrido un trastorno de la conducta alimentaria (como anorexia o bulimia) antes de quedarte embarazada, es posible que esta nueva etapa despierte muchos sentimientos encontrados. Por un lado, deseas lo mejor para tu bebé; por otro, enfrentar el aumento de peso propio del embarazo puede ser desafiante emocionalmente. Aquí lo más importante que debes recordar es esto: el bienestar de tu bebé depende directamente de tu bienestar durante el embarazo. Dicho de otro modo, si tú estás desnutrida o no te alimentas bien, tu bebé tampoco lo estará. Este pensamiento puede ayudarte a darle la prioridad a la nutrición sobre las preocupaciones estéticas o los temores que caracterizan al trastorno alimenticio.
Sugerencias si has tenido un trastorno alimentario
Algunas sugerencias para sobrellevar un embarazo cuando existe o existió un trastorno alimentario:
- Busca apoyo profesional continuo: Informa a tu obstetra sobre tu historia de trastorno alimenticio, si es que aún no lo sabe. Además, considera seguir en contacto (o retomar contacto) con un psicólogo o psiquiatra especializado en trastornos alimentarios durante tu embarazo. Ellos pueden ayudarte a manejar la ansiedad que puede surgir al ver cambiar tu cuerpo y a asegurarte de que sigues estrategias saludables.
- Refuerzo positivo y motivación: Una técnica útil es mantener presente la motivación principal: la salud de tu bebé. Por ejemplo, puede servirte rodearte de recordatorios visuales del objetivo: coloca fotos de bebés saludables y felices en lugares visibles (en la puerta de tu refrigerador, en tu oficina, en tu coche). Cada vez que las veas, recuerda que esa felicidad y bienestar futuros del bebé dependen en gran medida de que tú te cuides ahora.
- Establece un plan de alimentación con nutricionista: Puede quitarte mucha angustia tener un plan claro. Un nutricionista perinatal te puede ayudar a elaborar un plan de comidas balanceadas que cubra tus necesidades sin hacerte sentir fuera de control. Saber qué comer, cuánto y con qué frecuencia te dará seguridad. Incluye en ese plan algunos gustos y antojos de forma controlada para no sentirte restringida (por ejemplo, un postre a la semana), pero garantizando que la mayor parte del tiempo estás comiendo lo necesario.
- No dudes en pedir ayuda: Si en algún momento sientes que las conductas dañinas regresan (por ejemplo, compulsiones de vomitar, saltarte comidas frecuentemente, recurrir a laxantes, etc.), habla inmediatamente con tu profesional de salud. No esperes. Los trastornos alimentarios tienen altibajos, y un embarazo puede ser estresante; no es raro necesitar apoyo adicional. Puedes superar esos impulsos con ayuda de terapia, grupos de apoyo o incluso medicamentos seguros si el médico lo indica. Lo importante es no rendirte ni aislarte.
Recuerda que ganar peso durante el embarazo es saludable y necesario. No lo veas con miedo; piensa que es tu cuerpo creando la cuna perfecta para tu bebé. Después del parto habrá tiempo para recuperar tu figura poco a poco, pero ahora mismo cada kilo ganado de forma saludable es una inversión en tu hijo. Cuídate mucho, tanto físicamente (alimentándote bien) como emocionalmente (buscando apoyo cuando lo necesites). Eres valiente por enfrentar esta situación y tu bebé algún día te lo “agradecerá” naciendo fuerte y sano.
Salud mental durante el embarazo (depresión, TDAH y más)
El embarazo es un período de intensos cambios hormonales y emocionales. Todas las mujeres embarazadas experimentan altibajos en el estado de ánimo en mayor o menor medida. Si además tienes un diagnóstico de salud mental previo, como depresión, trastorno de ansiedad, trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) u otro, es muy importante prestarle atención a tu bienestar psicológico durante estos nueve meses (y después también). Tener un trastorno mental no te impide tener un bebé sano y ser una madre estupenda, pero al igual que con las enfermedades físicas, requerirá ciertos cuidados especiales y planificación con tus médicos.
No estás sola: Lo primero es quitar el estigma. Hablar abiertamente con tu obstetra acerca de tu condición mental y los tratamientos que sigues (medicación, terapia, etc.) permitirá que te brinden el apoyo adecuado. Muchos profesionales de la salud mental recomiendan incluso planificar el embarazo cuando la condición esté estable. Pero si ya estás embarazada, no pasa nada: simplemente haz equipo con tus médicos desde el principio.
Medicamentos y embarazo: Un tema crucial es el de la medicación psiquiátrica. Seguramente te preguntas si puedes seguir tomando tus antidepresivos, ansiolíticos o estimulantes durante el embarazo. La respuesta varía según el medicamento específico:
- Algunos fármacos están contraindicados en el embarazo, ya que se sabe que podrían afectar al feto.
- Otros medicamentos sí se pueden usar, porque la evidencia ha demostrado que son seguros o que los beneficios superan los posibles riesgos.
- Y en muchos casos, simplemente no hay suficiente investigación sobre ciertos medicamentos en mujeres embarazadas, por lo que se deben tomar decisiones caso por caso.
Por ejemplo, es conocido que algunos antidepresivos (como ciertos ISRS) se continúan durante la gestación cuando la depresión es moderada/severa, porque mantener a la madre estable es prioritario y el riesgo para el bebé es bajo. En cambio, ciertos medicamentos para el insomnio o ansiedad podrían evitarse o usarse solo en dosis bajas. En el caso del TDAH, muchos de los estimulantes (metilfenidato, anfetaminas) no tienen tanta investigación en embarazo; algunos estudios sugieren que podrían afectar el apetito de la madre e incluso, en altas dosis, potencialmente incidir en el crecimiento fetal, pero la evidencia no es concluyente. Por ello, el médico podría recomendar ajustar la dosis o incluso hacer una pausa en la medicación del TDAH si estima que no es estrictamente necesaria durante el embarazo; todo depende de tu situación personal.
Lo fundamental es que no tomes decisiones por tu cuenta ni suspendas de golpe tu medicación psiquiátrica sin consultar. Dejar un tratamiento bruscamente puede desencadenar una recaída de los síntomas, lo cual también puede ser perjudicial para ti y para el bebé. La depresión grave no tratada, por ejemplo, puede llevar a que la madre no se alimente bien, no duerma, tenga mucho estrés, e incluso aumenta el riesgo de depresión posparto. Así que, a menudo, continuar con algún tratamiento es lo más seguro.
Tu obstetra, junto con tu psiquiatra o médico de cabecera, te ayudarán a elegir el medicamento más seguro en caso de que lo necesites. La estrategia suele ser: usar la menor dosis efectiva y el fármaco con mejor perfil de seguridad comprobado. Te monitorearán para asegurarse de que tú estés bien y el bebé se desarrolle sin problemas. En algunos casos, si decides no tomar medicamentos, también te apoyarán con terapia psicológica más intensiva u otras intervenciones para que tu salud mental se mantenga lo más estable posible durante la gestación.
Cuidando de tus emociones: Más allá de los medicamentos, presta atención a tu autocuidado emocional en el día a día. Busca redes de apoyo: tu pareja, familia, amigas, grupos de apoyo para embarazadas con depresión/anSiedad, etc. Mantén tus rutinas que te hagan sentir bien (dar paseos, meditar, llevar un diario, practicar algún hobby relajante). Y recuerda, es válido pedir ayuda profesional en cualquier momento. Si en algún punto te sientes abrumada, triste continuamente, ansiosa al extremo o con pensamientos negativos, coméntalo de inmediato con tu médico. Existen profesionales de salud mental perinatal especializados en ayudar a futuras mamás a transitar estos sentimientos.
El embarazo implica muchos cambios, y para alguien con TDAH, depresión u otro trastorno, puede ser más desafiante adaptarse. Pero con un buen plan de tratamiento, apoyo y mucha comprensión contigo misma, puedes lograrlo. Al final, cuidar de tu salud mental es parte de cuidar a tu bebé. Una mamá emocionalmente sana podrá afrontar mejor el parto y la crianza. No lo olvides: tu bienestar mental importa, y mucho.
Embarazo a partir de los 35 años
“¿Qué tanto influye la edad materna en el embarazo?” Esta es una duda muy común, especialmente entre mujeres que deciden ser madres más allá de los 35 años. Hoy en día es cada vez más frecuente postergar la maternidad para más adelante, ya sea para desarrollarse en lo profesional, por elección personal o porque las circunstancias de la vida así lo quisieron. Si este es tu caso, puedes sentirte identificada con preguntas como: “Tengo 38 años y espero mi primer bebé, ¿debo preocuparme por mi edad?”.
Lo primero es darte tranquilidad: 35 no es un número mágico en el que todo cambia de golpe. Muchas mujeres de 35, 38 o 40 años tienen embarazos totalmente normales y bebés sanos. La edad es solo uno de muchos factores, y aunque sí conlleva ciertos riesgos estadísticos un poco mayores, la mayoría de esos riesgos son todavía bajos en términos absolutos, y además aumentan de forma gradual, no de un día para otro.
Veamos en qué puede influir la edad y qué precauciones tomar cuando se está embarazada a partir de los 35:
- Fertilidad y concepción: A medida que envejecemos, la cantidad y calidad de nuestros óvulos disminuye. La probabilidad de quedar embarazada en cada ciclo es algo menor a los 38 que a los 28, por ejemplo. Sin embargo, si tú ya has logrado el embarazo, ¡fantástico! Eso significa que, aunque la fertilidad baja lentamente después de los 30, no hubo un obstáculo insalvable. El riesgo principal de la edad materna avanzada es que puede costar un poco más lograr el embarazo o que haya más riesgo de infertilidad o de necesitar tratamientos de reproducción asistida. Pero insisto: a los 35-40 años la reducción de fertilidad es gradual. No es que al cumplir 35 una mujer se vuelva infértil ni mucho menos. Con paciencia (y a veces con ayuda médica), miles de mujeres de esta edad logran concebir.
- Riesgo de anomalías genéticas en el bebé: Este es quizás el punto más mencionado. A mayor edad de los padres, mayor es la probabilidad de alteraciones cromosómicas en el bebé (como el síndrome de Down, que es la trisomía del cromosoma 21). Pero es importante poner esto en perspectiva: una mujer de 25 años tiene alrededor de 1 entre 1,200 a 1,500 probabilidades de tener un bebé con síndrome de Down; a los 35 años ese riesgo sube a aproximadamente 1 entre 350-400; y a los 40 años puede rondar 1 entre 100. Hacia los 45 años las probabilidades aumentan a cerca de 1 entre 30. Sí, el riesgo sube con la edad, pero incluso a los 35 o 38 años la gran mayoría de los bebés no tendrán esa condición. Además, hoy disponemos de pruebas prenatales avanzadas (como el cribado genético no invasivo en sangre materna, amniocentesis, etc.) que pueden detectar estas anomalías durante el embarazo. Esto significa que las madres mayores tienen la opción de estar informadas sobre la salud genética de su bebé y tomar decisiones con esa información en mano.
- Edad del padre: Interesantemente, no solo importa la edad de mamá. La edad del papá también influye en ciertos riesgos. Estudios sugieren que un espermatozoide de un hombre de 40-50 años puede aportar ligeramente más probabilidades de mutaciones genéticas nuevas que uno de un hombre más joven. Se estima, por ejemplo, que aproximadamente el 20% de los casos de síndrome de Down podrían estar vinculados a la edad paterna avanzada. Además, la edad del padre podría aumentar mínimamente el riesgo de autismo u otros trastornos en la descendencia según algunas investigaciones. ¿Qué hacemos con esta información? Realmente no mucho, salvo estar conscientes de ello. Por lo general, las parejas donde ambos miembros son mayores de 35 simplemente deben seguir las mismas recomendaciones: buen control prenatal y las pruebas de cribado correspondientes. La ciencia sigue estudiando el impacto de la edad paterna, pero por ahora el enfoque principal sigue en la edad materna, que tiene efectos más significativos en la reproducción.
- Riesgo de aborto espontáneo: A mayor edad, lamentablemente, también sube ligeramente el riesgo de aborto espontáneo en el primer trimestre. Esto se relaciona en parte con las anomalías cromosómicas: muchos embarazos con alteraciones genéticas no prosperan y terminan en pérdida temprana. Una mujer de 40 años tiene más probabilidades de aborto que una de 25. No es algo que podamos predecir o evitar al 100%, pero mantener un estilo de vida saludable (no fumar, evitar alcohol, controlar el estrés) y recibir atención prenatal temprana puede ayudar a reducir algunos factores de riesgo. Y si, desafortunadamente, ocurre una pérdida, no significa que no puedas lograr un bebé sano posteriormente; a veces es cuestión de intentarlo de nuevo con la ayuda médica adecuada.
- Complicaciones médicas en el embarazo: Algunas condiciones como la diabetes gestacional y la hipertensión inducida por el embarazo (preeclampsia) son un poco más frecuentes en mamás de más edad. El cuerpo a los 35-40 no responde igual que a los 20, y puede haber menos reserva física. Por eso, tu médico prestará mucha atención a factores como tu nivel de azúcar en sangre y tu presión arterial. La detección temprana y el tratamiento (dieta, medicamentos si hace falta) de estas complicaciones hacen que en la mayoría de los casos se manejen bien y no impidan que tengas un buen final de embarazo. Es posible que te hagan pruebas de glucosa antes de lo habitual, o monitoreen el crecimiento del bebé para asegurarse de que la placenta esté funcionando correctamente, etc. Nuevamente, es cuestión de seguimiento cercano.
- Ventajas de la maternidad madura: No todo son riesgos; ¡también hay aspectos positivos de ser mamá a esta edad! Muchas mujeres que son madres después de los 35 cuentan con una estabilidad emocional y financiera mayor que cuando eran más jóvenes. Suelen haber planificado con más cuidado el embarazo, lo que significa que están muy comprometidas con el autocuidado y la salud prenatal. Es común que las madres “añosas” (término médico que suena fatal, pero solo significa mayor de 35) lleven muy en serio las indicaciones, acudan juiciosamente a sus controles, se informen y tomen decisiones saludables. Toda esa madurez y experiencia de vida pueden traducirse en entornos muy beneficiosos para el bebé. Además, muchas veces ya han cumplido metas personales o profesionales, así que pueden dedicarse a la maternidad con menos estrés en esos aspectos. En definitiva, ser madre a los 36, 38 o 40 puede ser igual o más gratificante que a los twenty-something, solo tienes que poner un poquito más de atención a la parte médica, ¡pero de eso nos ocupamos entre todos (tú y tus doctores)!
Conclusión
Cada embarazo comienza con una historia previa: la historia de tu cuerpo, tu salud, tus emociones y tus vivencias. Tu peso, tu nutrición, tus condiciones médicas crónicas, tu salud mental o incluso alguna cirugía pasada no son obstáculos, sino factores a considerar para cuidarte mejor.
Este capítulo no busca que te preocupes por cada detalle, sino que reconozcas la importancia de conocerte y hacer equipo con tus profesionales de salud. Comprender tus antecedentes te permite tomar decisiones más informadas, evitar complicaciones y aumentar las probabilidades de tener un embarazo sano y positivo.
Recuerda: no existe el cuerpo perfecto para embarazarse. Lo que sí existe es la posibilidad de prepararte, de informarte y de buscar apoyo cuando lo necesites. Tu historial médico no te define, pero sí puede ayudarte a entender qué cuidados necesitas. Y cuidarte a ti, es también cuidar a tu bebé.