Capitulo 5 – Infecciones de transmisión sexual y embarazo

Published by Lianet Cylwik Lopez on

Durante el embarazo, cuidar la salud es fundamental no solo para la madre, sino también para el bebé. Algunas infecciones pueden afectar el desarrollo del embarazo o transmitirse al bebé durante la gestación o el parto.

Las infecciones de transmisión sexual (ITS) son relativamente comunes y, aunque muchas personas las asocian únicamente con la actividad sexual, en realidad pueden tener consecuencias importantes durante el embarazo.

La buena noticia es que la mayoría de estas infecciones pueden detectarse mediante pruebas médicas y tratarse de forma segura incluso durante el embarazo. Sin embargo, un problema frecuente es que muchas mujeres no presentan síntomas, por lo que pueden estar infectadas sin saberlo.

Por esta razón, los médicos suelen recomendar que todas las embarazadas se realicen pruebas al inicio del embarazo. Detectar estas infecciones a tiempo permite tratarlas y reducir significativamente los riesgos para la madre y el bebé.

Entre las infecciones que suelen evaluarse durante el embarazo se encuentran las siguientes.


Gonorrea

La gonorrea es una infección bacteriana que puede causar complicaciones importantes si se transmite al bebé durante el parto.

Cuando un recién nacido entra en contacto con la bacteria al pasar por el canal de parto, puede desarrollar conjuntivitis severa, que en casos graves puede provocar ceguera. También existe el riesgo de que el bebé desarrolle una infección generalizada grave.

Si una mujer embarazada obtiene un resultado positivo en la prueba de gonorrea, el tratamiento con antibióticos debe iniciarse de inmediato. Después del tratamiento, suele realizarse otra prueba para confirmar que la infección ha desaparecido.

Además, como medida preventiva, a muchos recién nacidos se les aplica una pomada antibiótica en los ojos después del nacimiento, lo que ayuda a prevenir infecciones oculares.


Sífilis

La sífilis es una infección que puede tener consecuencias muy graves durante el embarazo si no se detecta a tiempo.

Esta enfermedad puede provocar defectos congénitos en el bebé e incluso la muerte fetal. Por ese motivo, la prueba para detectar sífilis se realiza de forma rutinaria durante la primera visita prenatal.

Si una mujer embarazada tiene sífilis, el tratamiento con antibióticos debe iniciarse lo antes posible, preferiblemente antes del cuarto mes de embarazo, ya que en ese momento la infección puede empezar a atravesar la placenta.

Cuando la infección se detecta temprano y se trata adecuadamente, el tratamiento suele evitar daños en el feto. De hecho, cuando se sigue el tratamiento correcto, es poco frecuente que el bebé llegue a infectarse.


Clamidiasis

La clamidiasis es una infección muy frecuente y, en algunos grupos de edad, es incluso más común que la sífilis o la gonorrea.

Se observa con mayor frecuencia en mujeres sexualmente activas menores de veintiséis años, especialmente si han tenido relaciones con varias parejas.

Un aspecto importante de esta infección es que muchas mujeres no presentan síntomas, por lo que pueden no saber que están infectadas.

La clamidiasis puede transmitirse al bebé durante el parto. En los recién nacidos puede causar:

  • infecciones oculares
  • neumonía (generalmente leve)

Si se detecta durante el embarazo, el tratamiento con antibióticos —normalmente azitromicina— puede prevenir que el bebé se infecte durante el parto.

Además, la pomada antibiótica que se aplica rutinariamente en los ojos del recién nacido ayuda a reducir el riesgo de infecciones oculares.


Tricomoniasis

La tricomoniasis es una infección causada por un parásito llamado Trichomonas.

Entre sus síntomas más frecuentes se encuentran:

  • flujo vaginal claro
  • olor vaginal desagradable
  • picazón o irritación

Sin embargo, aproximadamente la mitad de las mujeres infectadas no presentan síntomas, lo que puede dificultar su detección.

En general, esta infección no suele provocar efectos graves durante el embarazo ni causar problemas importantes al bebé. No obstante, los síntomas pueden resultar molestos para la madre.

Cuando se detecta mediante una prueba médica, puede tratarse eficazmente con antibióticos.


VIH (virus de inmunodeficiencia humana)

Se recomienda que todas las mujeres que estén planeando un embarazo o que ya estén embarazadas se realicen la prueba del VIH lo antes posible.

Por este motivo, esta prueba suele incluirse dentro de los primeros análisis prenatales.

Si una mujer embarazada vive con VIH, el virus puede representar un riesgo tanto para ella como para el bebé. Sin tratamiento, alrededor del 25 % de los bebés pueden contraer la infección.

Sin embargo, los avances médicos han permitido reducir este riesgo de forma considerable.

Cuando la madre recibe tratamiento con medicamentos antirretrovirales, el riesgo de transmisión al bebé puede disminuir significativamente. En algunos casos también se utiliza zidovudina (AZT).

Si la madre tiene una alta carga viral cerca del momento del parto, el médico puede recomendar una cesárea antes de que comiencen las contracciones para reducir aún más el riesgo de transmisión.

Además, los bebés que podrían haber estado expuestos al virus suelen recibir tratamiento antiviral después del nacimiento.

Gracias a estas medidas, muchos bebés nacen sin infección incluso cuando la madre vive con VIH.


Virus del papiloma humano (VPH)

El virus del papiloma humano es una de las infecciones de transmisión sexual más comunes en el mundo.

Existen más de cien tipos de VPH, algunos de los cuales se relacionan con mayor riesgo de cáncer, mientras que otros pueden provocar verrugas genitales.

Muchas personas no saben que tienen el virus porque a menudo no produce síntomas visibles. En muchos casos, el sistema inmunológico elimina la infección por sí solo en un periodo de seis a diez meses.

Cuando aparecen síntomas, pueden incluir:

  • cambios en las células del cuello uterino
  • verrugas genitales

Las verrugas pueden aparecer en la vagina, la vulva o el área anal. Generalmente tienen aspecto de pequeños bultos suaves o con forma de coliflor y pueden causar picazón, ardor o sangrado leve.

Durante el embarazo, los cambios hormonales pueden hacer que las verrugas crezcan o se multipliquen. Si llegan a ser muy grandes, podrían dificultar el paso del bebé durante el parto.

En estos casos, el médico puede recomendar tratamiento mediante:

  • crioterapia
  • electrocauterización
  • láser

Si las verrugas no causan problemas importantes, el tratamiento puede posponerse hasta después del parto.

La transmisión del VPH de la madre al bebé es muy poco frecuente y, cuando ocurre, suele resolverse sin tratamiento.

Además, existe una vacuna contra el VPH, recomendada para adolescentes a partir de los once o doce años y que también puede administrarse hasta los cuarenta y cinco años si no se ha recibido antes.


Herpes genital

Muchas mujeres embarazadas se preocupan por el herpes genital y el posible riesgo para su bebé.

En la mayoría de los casos, los bebés nacen sanos, especialmente cuando la madre ya tenía herpes antes del embarazo.

Cuando se trata de una infección recurrente, el riesgo de transmisión al bebé es menor al uno por ciento.

Los síntomas del herpes pueden incluir:

  • fiebre
  • dolor de cabeza
  • fatiga
  • dolor o picazón en los genitales
  • dolor al orinar
  • flujo vaginal
  • ampollas o lesiones en la zona genital

Si aparecen estos síntomas durante el embarazo, es importante consultar al médico.

En algunos casos, el médico puede indicar medicación antiviral a partir de la semana treinta y seis del embarazo, incluso si no hay lesiones visibles.

Si al momento del parto existen lesiones activas, es probable que el médico recomiende una cesárea para evitar que el bebé se infecte al pasar por el canal de parto.

En el raro caso de que el bebé contraiga la infección, recibirá tratamiento con antivirales después del nacimiento.

Después del parto, con las precauciones adecuadas, las madres con herpes pueden cuidar y amamantar a sus bebés con seguridad.


Hepatitis B

La hepatitis B es una infección viral que afecta al hígado y que también puede transmitirse por vía sexual.

Durante el embarazo, los médicos suelen realizar pruebas para detectar hepatitis B, ya que la infección puede transmitirse de la madre al bebé durante el parto.

Si una mujer embarazada tiene hepatitis B, el bebé puede recibir una vacuna y una inmunoglobulina especial inmediatamente después del nacimiento, lo que reduce considerablemente el riesgo de infección.

La vacuna contra la hepatitis B forma parte de los programas de vacunación infantil en muchos países.


Hepatitis C

La hepatitis C también es una infección viral que afecta al hígado y puede transmitirse a través del contacto con sangre infectada. Aunque la transmisión sexual es menos frecuente que en la hepatitis B, también puede ocurrir.

Durante el embarazo existe la posibilidad de que el virus se transmita al bebé, aunque el riesgo suele ser relativamente bajo.

En muchos casos, las pruebas médicas durante el embarazo permiten detectar esta infección y dar seguimiento adecuado a la madre y al bebé.


Conclusión

Las infecciones de transmisión sexual pueden generar preocupación durante el embarazo, pero es importante recordar que muchas de ellas pueden detectarse y tratarse a tiempo.

Los controles prenatales y las pruebas médicas permiten identificar estas infecciones incluso cuando no hay síntomas, lo que ayuda a proteger la salud de la madre y del bebé.

La detección temprana, el tratamiento adecuado y el seguimiento médico son herramientas fundamentales para reducir los riesgos y asegurar un embarazo lo más saludable posible.

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